Cultura de la confianza para crear equipos ganadores

Para implantar una cultura innovadora en nuestra organización es esencial el trabajo en equipo.

Hace unos días asistí en Expomanagement a una conferencia de Rosabeth Moss Kanter. Profesora de management en Harvard Business School, experta en estrategia y liderazgo para el cambio. Ex editora de Harvard Business Review, con una larga trayectoria en el estudio de las organizaciones. Considerada una de las 50 personas más influyentes del mundo según Thinkers 50, su último libro SuperCorp ofrece una profunda mirada sobre una nueva generación de negocios sostenibles.

En su conferencia nos hablaba sobre la importancia de implementar una cultura de confianza para tener un equipo ganador. Rosabeth expuso un estudio realizado entre numerosos equipos deportivos a lo largo de varios años, para mostrarnos las 5 diferencias o causas que distinguen un equipo ganador de uno perdedor.

Aquí tenéis un breve resumen sobre las mismas.

1. Es mejor ganar que perder.

Parece una obviedad, pero lograr cualquier tipo de éxito desarrolla fuerzas que ayudan a seguir ganando.

Ganar produce emociones positivas que se contagian a todo el grupo, mejora nuestra productividad. Ganar atrae a las personas. En cambio un fracaso genera un mal estado de ánimo que crea repulsión. Por ello es importante marcarse objetivos alcanzables, aunque sean pequeñas metas o logros que nos permitan tener una sensación de progreso.

2. Ganar siempre es aburrido.

Ganar exige un trabajo duro, disciplina y responsabilidad. Pero algunas veces los ganadores creen que tienen el éxito merecido y no necesitan esforzarse. Cuando se gana siempre los equipos tienden a esforzarse menos.

Por ello debemos prestar atención a los pequeños detalles, medirlos. Crear indicadores que nos permitan medir constantemente los pequeños avances.

De esta forma siempre tendremos algún pequeño fracaso que nos permitirá recuperar el camino del esfuerzo, la disciplina, la autenticidad y el liderazgo. La responsabilidad es de todos, también de los líderes.

En los equipos perdedores tienden a echarse la culpa unos a otros. En los ganadores nadie echa la culpa a los demás, se preguntan ¿qué he hecho yo para evitar el fracaso? Esta es la cultura de los ganadores.

3. El talento es del equipo, no individual.

No se trata de sumar los currículos (CV’s) del equipo. Los equipos ganadores no siempre poseen los mejores jugadores.

Las estrellas quieren su momento de gloria, no les importa demasiado que el equipo pierda. En los equipos perdedores siempre hay estrellas.

Mientras que, en los ganadores, todos tienen la misma responsabilidad, en cierto modo los miembros son mentores de los demás. Tienden a ver cuales son sus puntos fuertes y a compensar los puntos débiles de los demás. Existe un programa de mentorización, de colaboración y apoyo a los demás.

En definitiva una cultura de “nosotros” en vez de “yo”.

4. Los ganadores son capaces de pensar a lo grande y también en los pequeños detalles.

Los equipos ganadores valoran las iniciativas: pequeñas oportunidades de innovar. Escuchar cualquier idea y llevarla a la práctica. De esta forma hay más personas involucradas en aportar ideas. En cambio la pasividad es lo peor que le puede ocurrir a un equipo.

Aplicado al mundo de los negocios, las compañías globales son las que atraen el talento. Para sus empleados es como ser parte de un objetivo más amplio. Son importantes la estrategia, los valores, y también los pequeños detalles o pequeñas victorias que acabarán marcando la diferencia.

5. Aprendemos más a cerca de ganar cuando perdemos.

Hay que saber encajar la derrota. Es muy importante la capacidad de reacción para recuperarse. Tener constancia y resiliencia.

Los equipos ganadores también cometen fallos pero los afrontan con rapidez. Esto ocurre porque existe una gran comunicación e integración entre sus miembros, una mayor participación del grupo.

Entre sus conclusiones destacó que es importante crear incentivos para los empleados, cultivar la actitud ganadora, aprovechar el talento de todos, con una visión a lo grande traducida en cosas pequeñas. Pensar en el talento del equipo y en una cultura de resiliencia.

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