No sé si volverá a ser como antes…

Las redes sociales se han convertido en algo más que una herramienta de comunicación, son una nueva forma de ver el mundo. Más bien nos convierten en ciudadanos de un nuevo país virtual en el que generamos relaciones y compromisos como los del mundo real, pero con muchas más personas.

Para algunos, cada vez para más personas, supone su mayor o incluso su única fuente de ingresos. En cierta manera su vida en el mundo real depende de sus ingresos en el mundo virtual.  Se han convertido en inmigrantes virtuales de un país con varios miles de millones de habitantes, también virtuales.

image

Este país virtual no se rige por las reglas o leyes conocidas en el mundo real, no dispone de una constitución o un sistema legal que garantice y defienda los derechos de sus ciudadanos. Está controlado por máquinas virtuales o superordenadores que, mediante complejos algoritmos matemáticos, deciden qué derechos y deberes tiene cada persona, o más bien cada cuenta provista de un nombre y una contraseña.

De esta manera deciden los premios o castigos que, arbitrariamente y sin ninguna limitación, aplican para que sus ciudadanos respeten sus reglas. En cierta manera recuerda a aquel mundo feliz, quizás ya entonces virtual, que describía Aldous Huxley en su conocida novela. Además de a nuestros amigos, también conocen nuestros gustos, dónde vivimos, viajamos, qué deporte practicamos y con qué frecuencia, etc. todo mientras que nosotros conocemos muy poco de ellos.

En este país virtual nos va a tocar pasar cada vez más tiempo, bien sea como inmigrantes, bien como turistas o simplemente curiosos exploradores.

No sé si como curioso explorador o adicto turista a las experiencias y conocimientos que me aporta, llevo ya en él más de seis años. He intentado tomar las medidas oportunas para, a mi modesto entender, evitar cualquier problema derivado de dichas experiencias.

Cuando más confiado estaba, de repente me bloquean una de mis cuentas, y no una cualquiera, la que más engagement me genera. Me he sentido indefenso, perdiendo todo el contacto con mis amigos virtuales, con muchos de los que no tengo ninguna relación o muy poca en el mundo real. También me he sentido impotente por no poder leer los comentarios ni mensajes, o ni siquiera saber si los recibía.

Supongo que el superordenador tendría poderosas razones de seguridad nacional para hacerlo. Espero que algún día me las explicará y podré entenderlas, podré comprender por qué lo ha hecho o, al menos, modificará su rutina para que la siguiente sanción lleve consigo una mínima explicación, al menos para que pueda evitar que suceda de nuevo.

Afortunadamente no soy todavía un inmigrante y mis ingresos no dependen de él… o más bien al contrario, sí debería serlo y trabajar para modificar esas rutinas opacas que nos controlan.

Pues lo dicho, no sé si volverá a ser como antes…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *