Sólo con la creatividad y la innovación aseguraremos la persistencia de la empresa

La creatividad es el resultado de un duro y sistemático trabajo“. Esta frase del abogado y considerado mayor filósofo de la administración del siglo XX, Peter Drucker; no encierra ninguna novedad, pero sí que ayuda a romper esa “falsa” relación entre inspiraciones “esporádicas” y lo que realmente significa la creatividad.

En tiempos de cambio, es prioritario recurrir a prácticas que garanticen nuevas estrategias y conceptos. De hecho y retomando las palabras de Drucker, sostenía que la “creatividad es el pilar fundamental para poder desarrollar ideas empresariales fuertes y resistentes”.

La clave radicaría en nuestra actitud, salir de la zona de confort que dependerá, también, del clima y del ambiente que se genera en la empresa. La creatividad se ejercita cuestionándose: ¿cómo puedo hacer las cosas de una forma diferente?

En este entrenamiento se requieren además dos elementos indispensables. Primero, tolerancia al fracaso: los experimentos pueden salir mal y configuran una oportunidad de aprendizaje para mejorar el concepto creativo original. Segundo, estar abierto y proactivo a las cosas que suceden fuera de nuestra empresa como un elemento que nutre nuestra actitud de cuestionamiento.

De este modo, las organizaciones deben tener un proceso claro para innovar, para canalizar, seleccionar y priorizar el flujo de ideas y proyectos. Y un desarrollo de la innovación. Esto significa que debemos de capacitar a las personas, entrenar líderes que puedan coordinar proyectos y tener espacios para trabajar en equipo. Es necesario que la gente dedique parte del tiempo a generar ideas innovadoras y participar en proyectos nuevos. Además, es fundamental tener un responsable del proceso y recursos para llevar adelante las ideas.

Por lo tanto, mejor hacerlo en equipo, pero desarrollando el talento individual dentro del mismo. No limitar la creatividad a un área o departamento, sino fomentándola en toda la organización. Mejor si lo hacemos en equipos autogestionados que dispongan de recursos para desarrollar sus proyectos dentro de un marco adecuado a la cultura y los valores de la organización, con unos objetivos claros que nos permitan disponer de indicadores de gestión. Recordando de nuevo a Drucker, “lo que se puede medir se puede mejorar”.

Y… en todo esto, ¿qué papel juega un líder? Sin lugar a dudas, un papel vital. Son los responsables de generar un buen clima y cultura para que la gente participe y genere nuevas ideas. Deben de dar espacio para cuestionar y aceptar ideas diferentes a las suyas. Generar cultura innovadora significa desafiar a la gente con metas altas: es asumir riesgos sabiendo que se puede fallar pero no por eso se castigará a los involucrados. En una cultura innovadora, los fallos se ven como oportunidad de aprendizaje. Generarla significa poner a disposición de las personas capacitación, espacios, tiempo y recursos para innovar.

A largo plazo, las empresas que no sean innovadoras desaparecerán o, incluso, perderán las posiciones de liderazgo. Aquí introduzco la palabra innovación porque la creatividad sin implementación en el mercado no significa éxito. De hecho, la definición de innovación nos dice que es el encuentro novedoso de una solución con una necesidad en el mercado. Por ello, es indispensable fomentar la creatividad y la innovación en las organizaciones para poder asegurarnos la sustentabilidad de la empresa.

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